domingo, 13 de septiembre de 2015

¿Son capaces los animales de ver lo que nosotros no podemos?

El sexto sentido podríamos definirlo como la capacidad para intuir cosas que no reúne las condiciones para que surja de los cinco sentidos normales. Existen de dos formas, la mental y la corporal. La mental es cuando presientes que algo va a ocurrir. La corporal es el típico repelús, cuando se te pone la piel de gallina, el cerebro te envía señales ante una situación que debería ser de lo más normal.

En el caso de los animales, poseen un extraordinario desarrollo de sus facultades perceptivas, haciéndolos reaccionar antes, además de permitirles ver lo que los humanos ni siquiera intuyen.
Los expertos en animales señalan que al tener el oído y el olfato muy desarrollado los hacen más reactivos a los cambios del medio ambiente.
Son capaces de detectar la proximidad de terremotos (Cualquier persona que haya estado en un seísmo o temblor de tierra recordará que poco antes de que empiece a temblar, los animales empiezan a manifestar un comportamiento extraño); La cercanía de un tsunami (Como el que ocurrió en Sri Lanka que azotó con furia toda la isla, momentos antes de que ocurriera los animales captaron que un cataclismo se avecinaba y buscaron refugio en los terrenos más altos de la zona); O incluso conocer si una persona está diciendo la verdad o no.


Sin embargo, existen testimonios y hechos que escapan de toda explicación científica.
Se han encontrado casos de animales que han recorrido miles de kilómetros para encontrar a su dueño, perros que intuyen que su amo está en peligro o saben a la hora a la que va a regresar.

Uno de estos casos sorprendentes es el de un gato llamado Óscar que se acurrucaba en la cama de los pacientes que iban a morir en el hospital geriátrico de Rhode Island, en Estados Unidos.
O la triste historia de Moro, un perro que permaneció junto a su dueño hasta el día de su entierro y desde entonces asistía a todos los funerales en la localidad de Fernán Nuñez en Córdoba, España.

El biólogo Rupert Sheldrake comenzó a observar la evidencia de la telepatía en los animales domésticos, desde hace 25 años, y ha recopilado más de 4.700 experiencias.
Uno de estos casos fue el del perro Jaytee, que descartando las posibles explicaciones más convencionales de que un perro pudiera saber a la hora a la que su dueño llegaría a casa (como reconocer su olor al aproximarse, conocer la hora de llegada rutinaria o las señales que el resto de la familia le pudieran transmitir al saber a la hora a la que va a llegar su amo), se aseguró de que el perro debería ser capaz de reaccionar con al menos diez minutos de antelación al regreso de su dueño, la gente en casa no sabrían cuándo esta persona se aproximaba al hogar, y el comportamiento del perro era grabado de tal manera que la memoria selectiva se pudiera descartar.
Los experimentos mostraron que el perro de Pam, (Jaytee) normalmente esperaba junto a la ventana durante un tiempo mucho mayor cuando ella no estaba. Esto ocurría aun cuando su dueña, Pam Smart llegaba incluso en fuera de rutina, fueron elegidos horarios al azar y llegaba por vehículos que no era el suyo, tales como taxis, bus, etc.
Jaytee reaccionó 10 minutos o más antes del regreso de su dueña en 82 ocasiones, y no mostró ninguna reacción anticipada el 14. Con lo que se considera que la telepatía parece la única hipótesis que puede ser la causa de los hechos.


Pero más sorprendente aún es ver como los animales se quedan mirando, ladrando o aullando a un punto fijo en la nada. La sensibilidad de los animales, especialmente de gatos y perros, hacia los fenómenos paranormales es inquietante.
El parapsicólogo norteamericano Robert Morris estudió, en una ocasión, el comportamiento de unos animales en una casa habitada por fantasmas, y concretamente en una habitación en la que había ocurrido una tragedia.
Utilizó un perro, un gato, una rata y una serpiente de cascabel y los llevó a la habitación donde se registraban más sucesos paranormales. Primero metió al perro, que en menos de un metro, empezó a gruñir y salió disparado de allí, luego metió al gato, que se bufó mirando fijamente a una silla que había en un rincón, luego metió la serpiente de cascabel, que adoptó en seguida una postura de ataque dirigida hacia la misma silla del rincón, y finalmente metió a la rata que fue el único animal que no reaccionó, esto es curioso, pues las ratas son de los primeros animales en salir huyendo cuando intuyen que va a ocurrir algo. Luego repitió el experimento en otra habitación, en la cual, los animales no reaccionaron lo más mínimo y se comportaron con total normalidad.

En 1974 se tomó esta fotografía cuando Alfred Hollidge observó el extraño comportamiento de su gato que parecía seguir con la mirada un objeto por toda la habitación, al revelar el carrete apareció un gato o rata que no se encontraba en la habitación en el momento de sacar la foto.



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